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SAN CEADA

14/12/2010

Santoral

+ 672

También conocido por Ceado y Chad, nacido en Northumbría, comienza su vida religiosa en la abadía de Melfont, Irlanda. Era de una familia del norte de Inglaterra que dio varios monjes y obispos muy piadosos, y fue discípulo de san Aidán en Lindisfarne. Beda le describe como «hombre santo y humildísimo, docto en las Escrituras y lleno de afán por poner en práctica cuanto leía en ellas», y por sus virtudes sucedió a su hermano Ced al frente de la abadía de Lastingham, en el Yorkshire.
Más tarde fue consagrado obispo de York, pero en el 669 surgieron dudas acerca de la licitud canónica de aquella consagración, y san Ceada, con su proverbial humildad, renunció a esta sede episcopal para volver a Lastingham sin una protesta ni un reproche, juzgando que la obediencia era el mayor de sus derechos.
Muy poco después se le eligió obispo de Lichfield, y en el corto espacio de tiempo en que fue pastor de esta diócesis fue arquetipo de celo y de piedad; nos dice Beda que «siguiendo el ejemplo de los apóstoles, iba siempre a pie, nunca a caballo».
El mismo Beda - fuente insustituible para san Ceada -, que escribe en una época muy próxima aún a los hechos que refiere, subraya un rasgo peculiarísimo que él atribuye al «temor de Dios», uno de los dones del Espíritu Santo, y en el que hay que ver, más que miedo, y mucho menos superstición, la sensibilidad de quien capta las celestiales amonestaciones.
Cuando se levantaba un viento más fuerte de lo acostumbrado, lo interrumpía todo para invocar la misericordia del Señor, si arreciaba el viento se ponía en oración y si tronaba o relampagueaba se iba a la iglesia para rezar hasta que el tiempo acababa serenándose. Viendo en la naturaleza un lenguaje de Dios que nunca podía ser casual o inútil, que era siempre un cúmulo de signos misteriosos que había que interpretar para su gloria y nuestra santidad.
Una semana antes de su muerte, la anuncia para el 2 de marzo del año 672, con la alegría de quien ha programado un concierto angélico de eternidad, en el gozo de Dios. cara a cara
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